Liderazgo Cristiano: Al Estilo de Jesús (III)

Jesús estaba lleno del poder del Espíritu Santo.

En todos los tiempos se ha visto gente aparentemente “poderosa”. El poder es una cualidad anhelada por todos los seres humanos, es un vivo deseo de ser más fuerte que los demás. Existe un dicho que reza de la siguiente manera: “Sólo los más fuertes sobreviven”, queriendo esto decir que los que tienen más poder sobresalen por encima de los demás y alcanzan las mejores oportunidades. En cierto modo este dicho es verdadero, pero solo cuando es aplicado a los animales. Aquí esta el asunto, y es que el ser humano ha estado viviendo a la manera de una cadena alimenticia. Encontramos personas en todas las esferas de la sociedad tomando ventajas sobre otros y a la vez otros tomando ventajas sobre ellos.

Los verdaderos líderes deben tener poder sobre sus seguidores, pero a diferencia de cómo lo hace la humanidad en general. Con este poder lo que se persigue es beneficiar a los seguidores, en vez de tomar ventajas sobre ellos. Jesús es el mejor ejemplo que encontramos en las Escrituras de un líder con poder. “… alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mi.” (Lucas 8: 46). “… porque poder salía de El y sanaba a todos”. (Lucas 6: 19).

Muchos confunden el poder con la unción. En las iglesias frecuentemente se suele decir: “recibe la unción de Dios” o “la unción de Dios está en este lugar”. En el libro del Éxodo capítulo 30 leemos “…tomarás especias finas… y harás de ellos el aceite de la santa unción; superior ungüento, según el arte del perfumador, será el aceite de la santa unción… y serán cosas santísimas; todo lo que tocare en ellos será santificado”. (vv. 23, 25, 29). Unción proviene del hebreo “masach” y se refiere a la acción de ungir para otorgar un cargo o una función. Por ejemplo, fueron ungidos los reyes Saúl, David y Salomón; los profetas e incluso Aarón y sus hijos para ser los sacerdotes que ministren en el Tabernáculo. “Ungirás… a Aarón y a sus hijos, y los consagraras para que sean mis sacerdotes”. (Éxodo 30: 30). En el Antiguo Testamento se ungía para significar la santidad o separación para Dios. El ungimiento tenía que ver con la designación para ocupar un lugar especial con el fin de llevar a cabo los propósitos de Dios. Es cierto, la unción del Señor desciende sobre las personas en estos días, pero el objetivo principal es siempre consagrar y comisionar.

El Pastor Carlos Mraida de la iglesia del Centro de la ciudad de Buenos Aires, en su libro “Socorro Señor” describe la unción como “…un derramamiento del Espíritu Santo en nuestro interior con el propósito de conducirnos a la santidad, a una vida cristiana victoriosa, al gozo, a un testimonio más comprometido y efectivo.”; y más adelante nos dice que “la unión tiene como propósito la misión… la unción siempre es… la acción del Espíritu para cumplir la misión. Los reyes, los sacerdotes y los profetas eran ungidos con una misión”.

El poder del Espíritu estaba en Jesús para sanar, liberar, etc., pero principalmente para quitar el pecado del mundo

Jesucristo recibió su ungimiento por el Padre en el momento en que fue bautizado por Juan en el Jordán. Fue allí donde El recibió el reconocimiento tanto de Dios como de los hombres: “Este es mi Hijo amado en el cual tengo complacencia”, “He aquí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. He aquí para lo que fue ungido el Mesías; he aquí su comisión: quitar el pecado del mundo. Cuando una persona es verdaderamente ungida recibe el reconocimiento tanto de Dios como de los hombres, y se le revela la comisión para lo cual fue ungida.

Aunque Jesús fue ungido en el Jordán era necesario algo más para que pudiera iniciar su ministerio públicamente. El evangelista Lucas expresa que Jesús salió del Jordán lleno (ungido) del Espíritu Santo “…y fue llevado por el Espíritu al desierto”. (Lucas 4: 1b). Si Jesucristo fue ungido (lleno del Espíritu) en el Jordán ¿Por qué fue llevado al desierto? ¿Cuál era la finalidad?

Después de haber ayunado, orado y batallado por cuarenta días y cuarenta noches en el desierto el diablo se apartó de Él por un tiempo. Al momento de salir del desierto, en Lucas 4: 14 leemos que “… Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea…”. Aquí esta marcada la diferencia. En el Jordán fue ungido, pero en el desierto recibió el poder del Espíritu. ¡Entiéndeme un poco en esto líder! Eres ungido y recibes un reconocimiento público, pero es tu responsabilidad salir del desierto en el poder del Espíritu. Recibes poder al estar a solas y en comunión con Él.

¿Para que le sirvió este poder a Jesús?

Después que Él salió del desierto en el poder del Espíritu fue que comenzó a obrar en milagros, liberaciones y sanidades; no antes. El poder del Espíritu estaba en Jesús para sanar, liberar, etc., pero principalmente para quitar el pecado del mundo. ¿Tienes el poder del Espíritu Santo? ¿Para que está este poder en ti? ¿Estas utilizando el poder para lo que se te fue dado? ¿Estas beneficiando a los demás con este poder, o te estas aprovechando de ellos? Muchos líderes han sido ungidos por Dios para una comisión especial, pero no se han ocupado de obtener el poder. Ya sea que hayas sido ungido como Apóstol, Profeta, Evangelista, Pastor, Maestro, etc., necesitas del poder del Espíritu para poder cumplir con la comisión.

La unción es la llenura del Espíritu Santo que te aparta, santifica, consagra y comisiona. El poder es la llenura del Espíritu que te capacita para llevar a cabo la comisión. Así como Jesús, tu como líder necesitas ambas cosas: unción y poder.

Jesús estaba lleno del poder del Espíritu Santo.

En todos los tiempos se ha visto gente aparentemente “poderosa”. El poder es una cualidad anhelada por todos los seres humanos, es un vivo deseo de ser más fuerte que los demás. Existe un dicho que reza de la siguiente manera: “Sólo los más fuertes sobreviven”, queriendo esto decir que los que tienen más poder sobresalen por encima de los demás y alcanzan las mejores oportunidades. En cierto modo este dicho es verdadero, pero solo cuando es aplicado a los animales. Aquí esta el asunto, y es que el ser humano ha estado viviendo a la manera de una cadena alimenticia. Encontramos personas en todas las esferas de la sociedad tomando ventajas sobre otros y a la vez otros tomando ventajas sobre ellos.

Los verdaderos líderes deben tener poder sobre sus seguidores, pero a diferencia de cómo lo hace la humanidad en general. Con este poder lo que se persigue es beneficiar a los seguidores, en vez de tomar ventajas sobre ellos. Jesús es el mejor ejemplo que encontramos en las Escrituras de un líder con poder. “… alguien me ha tocado; porque yo he conocido que ha salido poder de mi.” (Lucas 8: 46). “… porque poder salía de El y sanaba a todos”. (Lucas 6: 19).

Muchos confunden el poder con la unción. En las iglesias frecuentemente se suele decir: “recibe la unción de Dios” o “la unción de Dios está en este lugar”. En el libro del Éxodo capítulo 30 leemos “…tomarás especias finas… y harás de ellos el aceite de la santa unción; superior ungüento, según el arte del perfumador, será el aceite de la santa unción… y serán cosas santísimas; todo lo que tocare en ellos será santificado”. (vv. 23, 25, 29). Unción proviene del hebreo “masach” y se refiere a la acción de ungir para otorgar un cargo o una función. Por ejemplo, fueron ungidos los reyes Saúl, David y Salomón; los profetas e incluso Aarón y sus hijos para ser los sacerdotes que ministren en el Tabernáculo. “Ungirás… a Aarón y a sus hijos, y los consagraras para que sean mis sacerdotes”. (Éxodo 30: 30). En el Antiguo Testamento se ungía para significar la santidad o separación para Dios. El ungimiento tenía que ver con la designación para ocupar un lugar especial con el fin de llevar a cabo los propósitos de Dios. Es cierto, la unción del Señor desciende sobre las personas en estos días, pero el objetivo principal es siempre consagrar y comisionar.

El Pastor Carlos Mraida de la iglesia del Centro de la ciudad de Buenos Aires, en su libro “Socorro Señor” describe la unción como “…un derramamiento del Espíritu Santo en nuestro interior con el propósito de conducirnos a la santidad, a una vida cristiana victoriosa, al gozo, a un testimonio más comprometido y efectivo.”; y más adelante nos dice que “la unión tiene como propósito la misión… la unción siempre es… la acción del Espíritu para cumplir la misión. Los reyes, los sacerdotes y los profetas eran ungidos con una misión”.

Jesucristo recibió su ungimiento por el Padre en el momento en que fue bautizado por Juan en el Jordán. Fue allí donde El recibió el reconocimiento tanto de Dios como de los hombres: “Este es mi Hijo amado en el cual tengo complacencia”, “He aquí el cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. He aquí para lo que fue ungido el Mesías; he aquí su comisión: quitar el pecado del mundo. Cuando una persona es verdaderamente ungida recibe el reconocimiento tanto de Dios como de los hombres, y se le revela la comisión para lo cual fue ungida.

Aunque Jesús fue ungido en el Jordán era necesario algo más para que pudiera iniciar su ministerio públicamente. El evangelista Lucas expresa que Jesús salió del Jordán lleno (ungido) del Espíritu Santo “…y fue llevado por el Espíritu al desierto”. (Lucas 4: 1b). Si Jesucristo fue ungido (lleno del Espíritu) en el Jordán ¿Por qué fue llevado al desierto? ¿Cuál era la finalidad?

Después de haber ayunado, orado y batallado por cuarenta días y cuarenta noches en el desierto el diablo se apartó de Él por un tiempo. Al momento de salir del desierto, en Lucas 4: 14 leemos que “… Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea…”. Aquí esta marcada la diferencia. En el Jordán fue ungido, pero en el desierto recibió el poder del Espíritu. ¡Entiéndeme un poco en esto líder! Eres ungido y recibes un reconocimiento público, pero es tu responsabilidad salir del desierto en el poder del Espíritu. Recibes poder al estar a solas y en comunión con Él.

¿Para que le sirvió este poder a Jesús?

Después que Él salió del desierto en el poder del Espíritu fue que comenzó a obrar en milagros, liberaciones y sanidades; no antes. El poder del Espíritu estaba en Jesús para sanar, liberar, etc., pero principalmente para quitar el pecado del mundo. ¿Tienes el poder del Espíritu Santo? ¿Para que está este poder en ti? ¿Estas utilizando el poder para lo que se te fue dado? ¿Estas beneficiando a los demás con este poder, o te estas aprovechando de ellos? Muchos líderes han sido ungidos por Dios para una comisión especial, pero no se han ocupado de obtener el poder. Ya sea que hayas sido ungido como Apóstol, Profeta, Evangelista, Pastor, Maestro, etc., necesitas del poder del Espíritu para poder cumplir con la comisión.

La unción es la llenura del Espíritu Santo que te aparta, santifica, consagra y comisiona. El poder es la llenura del Espíritu que te capacita para llevar a cabo la comisión. Así como Jesús, tu como líder necesitas ambas cosas: unción y poder.

1era parte 2da parte

Pastor Ramón Rodríguez

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