Un líder ve más allá
A mi corta edad, tengo el privilegio de ser Pastor asociado en una Congregación Evangélica. No llegué a esta posición, como muchos piensan, por la mera confianza que obtuve de los líderes principales; aunque esto influyó a que sucediera. Confianza ganada gracias a mi “modus operandis”, pues estaba viendo mucho más allá de mi estado actual para ese entonces. Estaba viendo un diseño ya establecido; tenía una visión.
No lograremos impactar a los demás, como verdaderos líderes, hasta que no ganemos su confianza. Confianza, según el diccionario “Larousse”, es la seguridad que uno tiene en sí mismo, en otro o en una cosa. Las personas solo siguen a otro, cuando están seguros de que sus esfuerzos terminaran en éxito. Un líder, antes de lanzarse en un proyecto, debe poseer una visión clara de lo que quiere alcanzar para sí mismo y los demás. La visión da auto seguridad, además, provoca que los seguidores pongan toda la confianza en la persona a la cual están siguiendo.
Un líder con una visión, es un líder que ve más allá de las circunstancias presentes, y del estado actual de las cosas. No está preocupado por lo difícil que parezca llegar a la meta, sino que se ocupa en utilizar todas las herramientas a su alcance, para que lo que ya vio en el futuro tenga un fin trascendental. En otras palabras, lo que hemos alcanzado hoy es el resultado de lo que vimos ayer.
Un líder con una visión, es un líder que ve más allá de las circunstancias presentes, y del estado actual de las cosas
Existen dos tipos de visión: una es la percepción por el órgano de la vista. Esta supone que solo se puede ver lo que ya existe en el tiempo presente; no ve más allá. La segunda es la que percibimos con los ojos del corazón. No es necesario el órgano de la vista para tener una visión. Hellen Keller vio con el corazón. A pesar de ser ciega y sorda toda su vida, expresó que:“La persona más triste del mundo es aquella que tiene vista, pero no visión”. Visualizar con el corazón es poner nuestra vida en lo que anhelamos ser y tener; es darlo todo por la visión. El corazón ve lo que los ojos no pueden, pues este ve con pasión.
Visión es lo que vemos realizado en el futuro, pero esto no es posible hasta que no le planteemos objetivos. Un líder sin objetivos bien definidos, es un líder sin visión; un líder sin visión, realmente no es líder. Quien realmente considere estar en liderazgo debe hacerse estas sencillas preguntas: ¿A dónde quiero llegar? ¿Por qué quiero llegar allí? ¿Qué fin deseo lograr? Un líder sabe cual es su blanco y siempre lanza su dardo allí, aunque no golpee al primer intento.
Los objetivos se clasifican en dos: generales y específicos. El objetivo general de una familia, por ejemplo, es lograr que el hogar sea un lugar de complacencia. Los objetivos específicos que se desprenden de este objetivo general, son lograr suplir las necesidades en cada miembro para que de manera singular se sientan complacidos. Esta es la manera de obtener la satisfacción plural, o sea, cumplir satisfactoriamente con el objetivo general ya planteado. El padre, como líder del hogar, debe tener esto bien definido. Un líder debe ser capaz de ver los objetivos planteados como si estuvieran ya consumados, además, prevé las situaciones que tienen que darse para lograrlo. La Epístola a los Hebreos en su capitulo 11 y verso 1 expresa: “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”. Debes agregar fe a tu visión.
En la Biblia podemos identificar grandes personajes que vieron antes de haber logrado, José fue uno de ellos. El tenía 17 años cuando su padre le regaló una túnica de colores e inmediatamente comenzó a soñar (Génesis 37: 1-10). Años más tarde, a pesar de las situaciones adversas que se presentaron, logró ver cumplido lo que antes pudo visualizar, de manera literal (Génesis 42: 1-9). Como líder debes soñar grandes proyectos; soñar es ver más allá.
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Actualizado (Sábado, 28 de Agosto de 2010 01:12)





